miércoles, 23 de diciembre de 2009

El primer hito.

Verano de 1787, en el lac d'Oncet.

Hace un año que Michel Gabriel Paccard y Jacques Balmat han hollado la cúspide del aún sardo Mont Blanc. Hace un año también, a cientos de toesas (aún no existe el metro), allí donde el Golfo de Vizcaya traza su curva, unos hombres miden la base de lo que promete ser un viaje apasionante. La Comisión de Límites se ha puesto en marcha. Su misión, cartografiar la frontera Hispano-Francesa definida en el Tratado de los Pirineos de 1659. Un pequeño monumento recuerda la firma del tratado en la isla de los Faisanes, en plena desembocadura del rio Bidasoa.

El viaje que les ha de llevar hasta el Mediterraneo, midiendo por primera vez los Pirineos, sólo durará nueve años. Los acontecimientos políticos interrumpen la progresión de Junker y Heredia cuando se están adentrando en el gran macizo calcáreo. Sus mediciones caerán en el olvido durante largos años.

Pero hay otros que se han propuesto una misión parecida, Jean Vidal y Henri Reboul quieren descubrir cuan altas son las montañas que limitan Francia por el sur. Es una misión científica civil y totalmente privada, por el gusto del descubrimiento.

En 1786 es Reboul quien realiza una campaña de la que apenas hay datos. Se sabe, no obstante, que ascendió al Pic d'Anie. Al año siguiente se le unirá Vidal para una campaña veraniega durante los meses de Julio y Agosto.

Y llegamos a nuestra fecha clave: el 8 de Agosto de 1787, un año exacto ha pasado de la conquista del Mont Blanc. Los dos sabios descienden del Pic du Midi por el lac d'Oncet. A orillas del lago ocurre la casualidad, una caravana de turistas se dirige hacia la cumbre. Saludos, se conversa. Entre los recién llegados un nombre, Ramond de Carbonnieres, que acompaña a su señor el cardenal de Rohan. Intercambio de opiniones. Desde donde se hallan se tiene una vista privilegiada de gran parte de la cordillera. Reboul apunta: el Pic du Midi es irrelevante, las grandes montañas están allí, al sur. Allí hay hielo, glaciares como en los Alpes. Señala con la mano y ennumera lo que conoce, lo que ha medido. En aquel momento, para él, la montaña más alta de los Pirineos es una cúpula nevada que se alza en la dirección de Gavarnie. Descubrirá la supremacía de los Montes Malditos en una tercera campaña dos años más tarde.

Según Beraldi, allí, en aquel instante, nacen los Pirineos tal como hoy los entendemos.

Ramond se empieza a interesar por algo todavía indefinido. Más tarde, en Bareges donde se hospedan, obtiene de Reboul un perfil tomado desde el Pic du Midi. ¿Surge allí el impulso que le llevará a querer ser el primero en conquistar esa cúpula nevada, el techo de los Pirineos? Cúpula que desaparece al aproximarse a ella, el Mont Perdu.

Croquis de los Pirineos realizado por Reboul y Vidal desde el Pic de Midi de Bigorre. Ramond de Carbonnieres. Observations faites dans les Pyrénées, pour servir de suite à des observations sur les Alpes. Paris, 1789.

Bibliografia: Henri Beraldi: Balaïtous et Pelvoux. Rando Editions, 2004. Textos originales publicados en 1907 y 1910.

FTer

viernes, 4 de diciembre de 2009

PRESENTACIÓN.

Bienvenido a este Blog.

¿Eres un amante de la Montaña? ¿De los Pirineos en particular?

¿Consideras, como nosotros, que sus cimas más elevadas bien merecen el esfuerzo que cuesta conseguirlas?

Desde la cima de un tresmil, rodeado en todas direcciones por un encrespado mar de cumbres, has sentido el gusto de lo desconocido y, has soñado en tener el tiempo, los recursos, la capacidad, de poder subir a todas ellas. ¿Has sentido que la felicidad estaba allí arriba?. O más exactamente, en el mero hecho de ponerse a caminar hacia un objetivo desconocido. ¡Enhorabuena! Has dado el primer paso.

No fuimos los primeros en experimentar esa sensación. Otros la sintieron antes, ellos nos indicaron el camino. Todo comenzó como un solitario hito en mitad del trayecto. A medida que el tiempo lo iba desdibujando, otros aportaban su montoncito de piedras. Pronto quedó configurado un camino, una dirección. Aquellos primitivos hitos casi no se aprecian ya. La senda ha quedado marcada. Pero si buscamos bien acabaremos por verlos. En nuestra mano está el limpiarlos de la maleza que los envuelve, haciéndolo nos sentiremos un poco como quien, hace mucho tiempo, los colocó. Y por un instante, por un solo instante, viviremos aquel tiempo que ha configurado el nuestro.

Este Blog quiere seguir ese camino. En la mejor tradición de los peregrinos seguimos los pasos de nuestros predecesores. El tema: la Montaña; el marco: los Pirineos; el camino: sus cimas más elevadas.

Sí, sin despreciar otras cimas, trataremos sobre los tresmiles. Hablando de los Pirineos, los tresmiles forman el carácter de esta cordillera. No son inhumanos como las altas cumbres del Himalaya y del Karakorum. No son frios como los cuatromiles de los Alpes. Extendiendose a lo largo de 450 Km del Atlántico al Mediterraneo, están tan sometidos a la luz y el calor que caracterizan este último, como a las brumas y al frio provenientes del Golfo de Vizcaya. Estos dos extremos modulan el discurrir de las estaciones y tanto se puede alcanzar un tresmil en camiseta y pantalón corto, como ser necesario el empleo de material invernal y conocer su uso.

Hemos puesto un límite en los tres mil metros de altitud. Somos conscientes que medir en metros, usar el Sistema Decimal, la misma concepción del metro, son convenciones humanas que poco tienen que ver con la realidad de valles y montañas pirenaicos. Por debajo de la mágica cifra existe la misma variedad y belleza que por encima. Sin embargo, en la tradición pirineista las cimas que sobrepasan esa cifra han sido objeto de una atención especial. ¿Como la afición a subir a las montañas iba a ignorar a los puntos más altos? Y en los Pirineos estos puntos más altos son los tresmiles.


FTer